“Las almas están corriendo a la perdición.”
“Hija mía, escucha la advertencia de mi Misericordia Divina. Como un mendigo, pido oraciones de expiación. Las almas están corriendo hacia la perdición. Mi Divina Misericordia es seguida por la Divina Justicia. Inclinándome sobre el mundo vierto lágrimas de sangre sobre mi Iglesia. Ora mucho. No temas al diablo. Tráeme almas. Él siempre atormentará tu cuerpo. Nunca estará de tu lado, pero no te abandonaré hasta la muerte. El diablo siempre trabajará duro para destruirte con el fin de evitar que ganes almas para Mí y para su reparación. Incluso entonces no te canses. Sacia mi sed. Cuando un alma cae en perdición se pierde eternamente. Este es un momento grave. Adora mi Presencia en el Santísimo Sacramento. Te ruego que respondas a mi Amor en tu vida. Te he elegido como víctima para arrodillarte ante Mí en la tierra para orar. Consuélame y tráeme más almas. No tengas miedo de perder tu personalidad.
Pequeños fuegos han sido encendidos por todas partes como plagas contagiosas que inundan las almas y las inflaman. Las grandes blasfemias han cubierto mi figura y mi Corazón sangra de dolor. Ora más y sacrifica todo... antes de que sea demasiado tarde.”
“Doy Mi bendición.”