“A través de mis velos Sacramentales estoy mirando a cualquiera que tenga piedad de Mí.”
“Hija mía, vigila y ora. Mantenme dentro la luz. Esta es mi hora difícil. Abusado y ridiculizado, estoy callado en mi tabernáculo, azotado y puesto patas para arriba. Yo soy inexorablemente herido por los míos... A través de mis velos Sacramentales yo estoy mirando a cualquiera que tenga piedad de Mí.
Debo descansar sacramentalmente en tu corazón. Quiero fortalecerte y darte nueva luz. Debes abrazar a toda la humanidad. Debes ser fuerte con esta prueba suprema de obediencia y amor. Reza y haz penitencia. Exponme a las almas. Los blasfemos, la imagen del hombre mundana, la acción de su espíritu diabólico, trae destrucción y ruina. Ora. Por las oraciones llamaré la atención de muchas almas.
Lo que más me duele es los míos... que me traicionan y me atacan por ambos lados. Son traidores en perdición. Dios, mi Padre Eterno, hará justicia por todas estas iniquidades. ¡Cuidado, será peor que Babilonia! El juicio está llegando. Los distribuidores perecerán porque están embriagados con el veneno de Satanás. Se han vuelto contra mi Padre Eterno. Esta es mi dolorosa hora cuando están trabajando duro para abolir mi Santo Sacrificio de la Misa. Todos se oponen a Mí. Mi Padre Eterno me ha mostrado y me ha dicho ¡esto es toda la tierra! Enferma en parte. ¡Tan pocos son los elegidos! ¡Los buenos no oran! Muchas naciones desaparecerán de la faz de la tierra. Yo, el Señor de la revelación, te ordeno que les asegures que yo apelo a sus conciencias, a toda la humanidad.
Ora, haz penitencia, recíbeme cada vez más. Quiero que se arrepientan. Muchos no me escuchan porque no son conscientes de esta terrible realidad. ¡Mi Misericordia es grande si se arrepientan!”
“Te bendigo”.
12 de diciembre de 1987