“Mi dolor es inmenso. Ora mucho por la Iglesia.”
“Hija mía, escucha atentamente lo que te digo. Los tiempos exigen una acción acelerada. Mi dolor es inmenso. La humanidad no está consciente del flagelo que lo amenaza. Ellos están sin Dios. Muchos no me conocen. Los míos, los consagrados me niegan, me abusan y me pisotean. Es urgente. Expía y reza más. Te amo y tú debes obedecer mi llamada afligida.
Ora mucho por la Iglesia. Estos son tiempos de abrumadora violencia. Finalmente, la tierra caerá en el campo de una ardua batalla. Grandes delitos ocurrirán... Desde el océano de mi Misericordia estoy llamando a todos a escuchar mi Voz para convertirse y volver a mi corazón. Quiero salvarlos a todos. Tengo muchas gracias en mis Manos.
Esfuérzate por suplicar con fe. Oigo a todos y amo a todos. ¿Cómo puedo salvar a la humanidad si no me escuchan? Quiero que vuelvan a mí. Tienen que mirar a su alrededor toda la oscuridad y el odio que envuelve a la humanidad y arrepentirse, volver a mi redil, a la verdad y la luz. Este es el momento de salvar almas. Desde mi amor y Misericordia te lo advierto. Si la humanidad no se arrepiente, la tierra se abrirá bajo sus pies y no habrá piedad. Hablaré con mi voz de Juez. Deben ofrecer más oraciones para apaciguar la ira de mi Padre Eterno. La humanidad se mueve apresuradamente con el mal diabólico furioso.
En mi nombre mantente fuerte. Cada vez quédate más conmigo en el sacramento de mi amor. Sé un tabernáculo viviente en Mi exposición. Me encanta mi trabajo.
“Con mi amor infinito te bendigo.”
3.00 a.m., 24 de noviembre de 1987