“Mi deseo es que la humanidad se convierta a través de la oración y el sacramento. La humanidad, como Judas, traiciona mi Corazón y arrastra almas a la perdición.”
“Hija mía, escúchame. Ora mucho y vela conmigo. La humanidad debe ser convertida. Con lágrimas en mi Corazón estoy llamando a todos a orar. Mi deseo es que la humanidad sea convertida a través de la oración y la Santa Cena. La humanidad, como Judas, traiciona mi Corazón y arrastra a las almas a la perdición. Ellos persiguen ciegamente a sus brutales concepciones de la vida; esto constituirá su propio veredicto. ¡Qué dolor para Mí! En primera línea está los míos...; ellos trágicamente cortan a los inocentes en pedazos y los que me son fieles. El mundo está desolado a causa del mal inicuo.
Hija mía, quiero que los pecadores se conviertan. En el Sacramento de mi Amor estoy tan solo y afligido sin ningún visitante por muchas horas. En mis tabernáculos soy olvidado y rechazado por muchas almas. Dame compañía y ora mucho. Esta es la única manera de salvar la parte de este mundo que ha perdido sus sentidos. Amo a la humanidad y es por eso que me hago visible y te aseguro esto. Escucha mi voz angustiada.
Este trabajo tiene que ser un movimiento de oración continua por la reparación y conversión de almas. No tengas miedo. Ora mucho y guarda a las almas en tu corazón. En cada rostro ve mi semblante como debes vivir, en profunda humildad por amor a las almas. Haz la voluntad de mi Padre Eterno y entrégate completamente. Te ilumino. Cálmate en todo. Esto es lo que quiero de ti.”
“Te bendigo.”
20 de enero de 1988