“Me rebajo a tu nivel para que no puedas ser dominado por mi inmensidad.”
"Hija mía, escúchame y vela conmigo en esta hora difícil y terrible. Mírame y dame la oblación de ti misma. No tengas miedo. Te ruego que sirvas a mi causa. Yo estoy siempre sediento de almas; siempre te dices que es difícil satisfacerme. Estoy esperando almas en cada momento.
No te canses de orar. El esfuerzo de tu voluntad es mi deleite. Yo quiero que crezcas y tengas tu ser en mí por el bien de las almas. En el Sacramento de mi Amor te permito entrar en mi aflicción. Ora mucho y tráeme almas que amo tanto. Necesito tu deseo de reparación y compañía. En el Sacramento de mi Amor quiero que veas la manera de consolarme. Te doy un entusiasta placer en el que me reconoces y esto te llena de alegría de servirme y traerme almas. Me rebajo a tu nivel para que no puedas ser dominada por mi inmensidad.”
No deseo que nadie perezca. Inclinándome sobre la tierra derramo mis lágrimas de sangre sobre la humanidad. Día y noche las almas están cayendo en perdición y se pierden eternamente.
Qué más podría haber sufrido por la humanidad. Fue por mi gran amor a la humanidad que salí a enfrentarme a todas las torturas. Pagué por el derecho a salvar a toda la humanidad. Qué dolor para mí los míos... ¡mantenme sediento siempre! ¡Los que están consagrados a Mí! Ora mucho. Es hora de salvar almas.”
“Doy mi bendición.