“Adora mi Divino Sacramento y ofrécelo a mi Padre Eterno para que sirva para la salvación de las almas.”
“No te asustes. Ocurrirán grandes delitos... y.… serás una víctima a manos pérfidas de mis consagrados. Te digo: los tiempos demandan de acción acelerada. Mi dolor es inmenso y la humanidad no se ha dado cuenta.
“Hija mía, participa en el Santo Sacrificio de la Misa junto con la Santa Comunión; expiación, hacer penitencia. Quiero completa obediencia de ti. Quiero que escuches y escuches mi única Voz con la intención de pagar las deudas de los pecadores y siempre que oyes hablar de delitos contra mi dinámica presencia llámame – Voy a estar cerca de ti.
“Hija mía, el diablo te atormenta. En mi nombre quiero que estés tranquila y fuerte, para ello soy yo quien ordenará el trabajo que vas a lograr. Adora mi Divino Sacramento y ofrécelo a mi Padre Eterno para que sirva para la salvación de las almas. Hablo contigo en medio de lágrimas. ¡Ora! De esta manera, la ira de mi Padre Eterno será apaciguada. En primer lugar, con el Sacrificio de la Cruz y luego con el del Altar para la renovación continua de lo que cumplí en el Calvario. ... un gran cataclismo que simultáneamente convulsionará la tierra será terrible, aterrador como si fuera el fin del mundo. Pero el final aún no ha llegado. Sin embargo, no está lejos. Los que quieren creer y cuyas vidas están preparadas para el momento de la Divina justicia deben orar para que tengan fuerzas para perseverar y sobrevivir.
¡Qué dolor para mí! Después de tantos mensajes con eventos dolorosos todavía la humanidad sigue siendo indiferente como si fuera una llamada en vano. Se lo digo a mi sirviente para preguntarles esto, “¿Quién estimará mis lágrimas de sangre?” Quiero mi Voz llena de aflicción para volar a los confines de la tierra diciendo una y otra vez: estén atentos. Todos prepárense, ambos buenos y malos, adultos y niños, sacerdotes y monjas, toda la humanidad. Yo los amo y les concedo tiempo. Es por eso que vine, para que puedan despertar de su sueño apático. Bienaventurados los que escuchan a mi Voz y se preparan.
Hija mía, estoy recibiendo continuamente coronas de espinas pasando a través de las multitudes de disfrazado con mi cabeza inclinada. Al igual que Judas, después de recibirme me venden, abusan y me escupen. ¡Ay de ellos todos! No tengas miedo.”
“Te bendigo.”
11.00 a.m., 29 de octubre de 1987