“El diablo está dando batalla contra mi Divino Sacramento de Amor. Yo soy tan abusado, blasfemado; Entiendo esta terrible hora para Mí. El mío... están trabajando duro para abolir mi Presencia en el Santo Sacrificio de la Misa”.
“Hija mía, vigila conmigo y ora. Considera la difícil situación del mundo. El diablo está dando batalla contra mi Divino Sacramento de Amor. Estoy tan abusado y blasfemado. Los míos...están trabajando duro para abolir mi Presencia en el Santo Sacrificio de la Misa. Estoy derramando lágrimas por toda la humanidad. La ira de mi Padre Eterno ¡está desbordante! El Cáliz está lleno de mi dolor. Me permito ser visto. Te aconsejo para que puedas orar más y más.
Te pido que tomes más tiempo para mí. Escúchame y está atenta a lo que te digo. Comparte esta angustia conmigo. Me he dado a mí mismo en tu corazón; ofréceme todo, viviendo continuamente conmigo en la misma hostia. Debes vivir a mi disposición y la de la humanidad. Ve a cada persona en mi afligido semblante. Encierra a todos en mi Corazón. No tengas miedo. Sientas lo que te digo”.
“Te bendigo.”
2.30 a.m., 14 de diciembre de 1987