“Las almas que tanto amo no entienden.”
“Hija mía, pasa estas horas terribles conmigo. Vela e implora misericordia para los pecadores. Las almas que tanto amo no entienden. Son momentos graves. Ora y expía sin cesar. En el Sacramento de mi Amor nunca duermo. Estoy tan abusado por los míos... El mundo está en ruinas y desolación. ¡Qué dolor hija mía! Advierto a la humanidad porque quiero que sea convertida. El diablo arrojará sus poderes malignos sobre las naciones. En un momento dado destruirá la mejor parte de mi rebaño. Yo estoy agonizando sobre las almas. Ora y haz penitencia para salvar las almas y tú obtendrás la predilección de Dios.
Siento un gran dolor al ser descuidado y ridiculizado por... Mantente despierta para el bien de los pecadores. Ora y guarda todo en tu corazón.
No tengas miedo. Tienes que darte cuenta de mi voluntad. Quiero que consueles y apacigües la ira de mi Padre Eterno. Eleva el espíritu de contemplación.”
“Te bendigo.”
2.15 a.m., 8 de enero de 1988