“Me gustaría salvar a toda la humanidad y no quisiera que nadie fuera condenado por su propia culpa. Porque nadie se va al infierno sin su propio consentimiento. Cuántos a una edad tan temprana se acercan a la condenación ya no quieren preocuparse por el temor del Señor.”
“Hija mía, escucha bien lo que te diré. No pierdas tu precioso tiempo. Debes meditar y orar por la humanidad. Dios mi Padre Eterno envía castigos inexorables. Ya no puedo detener el brazo de la Justicia de mi Padre. Estas son las grandes advertencias obtenidas de mi Divina Misericordia a través de la angustia de mi Corazón, porque me gustaría salvar a toda la humanidad y no quisiera que nadie fuera condenado por su propia culpa. Porque nadie se va al infierno sin su propio consentimiento.
Cuántos a una edad tan temprana se acercan a la condenación y ya no quieren preocuparse por el temor del Señor. Ay de aquellos que no quieren escuchar mi llamada de sufrimiento.
“Reza por mí en mi Santísimo Sacramento. Haré todas las cosas por ti. Quiero que la humanidad se arrepienta. De lo contrario, arrojará innumerables almas al fuego eterno. Quiero que me acompañes. No hay una respuesta dada a la Voz del Espíritu Santo. Como te he pedido, únete a mí en todo lo que haces. Déjate estar en mi Presencia.”
“Con mi amor y mis bendiciones.”
3.00 a.m., 9 de octubre de 1987