“Es sólo a través de estas pequeñas hostias que los poderes malignos que desean abolir la Santa Misa serán derrotados.”
“Hija mía, escucha lo que te digo. Esta es mi voz de Misericordia y Amor a toda la humanidad. Mantente despierta y vela conmigo. Esta es mi difícil hora de oscuridad. Necesito tu compañía. Ora mucho. Sumérgete en el espíritu más elevado de contemplación.... por el bien de la humanidad.”
“Forma los cenáculos de oración y pequeñas hostias para apaciguar la ira de mi Padre Eterno. Es sólo a través de estas pequeñas hostias que los poderes malignos que desean abolir la Santa Misa serán vencidos. Quiero que todas las almas expíen. Estas son mis palabras de advertencia obtenidas de mi Divino Padre. Ha llegado el momento en que debo advertir a la humanidad, porque no dejaría que nadie perezca a menos que sea con su propio consentimiento. Los llamo a orar y arrepentirse antes de que sea demasiado tarde.
Ofrece el sacrificio de la Misa dos veces. Estas son mis horas solitarias. Yo nunca duermo en mi vigilia por los pecadores. Sigo mirando a través de los velos de mi tabernáculo sin que nadie me visite. Me encanta verte pagar deudas por los pecadores y cada vez que escuches ofensas e infamias contra mi Presencia en el Santísimo Sacramento. Hija mía, ruego que ores más por su bien. Cómo amo a la humanidad.”
“Te bendigo.”
3.00 a.m., 16 de diciembre de 1987