“Mi corazón está en gran dolor.” (ver Apelación Divina del 2º, 16º, y 17º enero de 1988)
“Hija mía, ora y haz penitencia. Escucha lo que te digo ahora y siempre. ¿No te das cuenta de que te he elegido como instrumento? Incluso si te cuestan muchas lágrimas, debes escucharme y escribir mensajes para mí. Éste es mi obra.
Estos son tiempos de violencia abrumadora. Necesito dar mi advertencia antes de que sea demasiado tarde. Tienes que orar y acompañarme. Implora misericordia para los pecadores. Mi corazón tiene un gran dolor. Las almas que yo amo tanto no entienden. El tirano les ha robado el corazón, encerrándolos en la cárcel del escándalo y todo tipo de maliciosa corrupción. Todo es trabajo diabólico; trabajan duro ante mis Santos Altares para abolir el Santo Sacrificio de la Misa.
Más que nunca, sumérgete en lo más alto de la contemplación. Guarda a la humanidad en tu corazón. Ora, vigila y expía. Después de recibirme no me dejes solo como Judas. Todavía soy vendido y abusado en el Sacramento de mi Amor. Escucha mis palabras y apégate a lo que te digo. No abandones mis palabras vivas. A través de mi amado siervo erigí un altar en tu corazón. Ora sin perder tiempo. Me complacen las Misas de Expiación”.
“Con mi Amor infinito te bendigo”.
2.30 a.m., 12 de enero de 1988