“Mi corazón está roto de dolor.”
“Hija mía, clama a mis hijos consagrados que me han traicionado y abusado de mis Sacramentos. Mi corazón está roto de dolor.”
“No te preocupes por dónde orar. Ora mientras haces tus deberes diarios porque no importa: te escucho. Sólo dame tu mente.”
“Te bendigo.”
2.45 a.m. 25 de septiembre de 1987