“Te he elegido...”
“Hija mía, ora mucho y pasa esta hora oscura y terrible conmigo. No me dejes solo. Vengo aquí a buscar una sombra. Tú eres una víctima. Te he elegido para arrodillarte antes mi presencia en el Divino Sacramento para reparar por las ofensas y curar las heridas que recibo de todo el mundo, sigo siendo un preso en el tabernáculo por el bien de la humanidad. Si escuchas mi grito por almas, también escucharé tu grito por almas. Comparte mi amor y tristeza. No tengas miedo. Yo guardo mis promesas. Tengo sed de almas. Es mi gran amor por la humanidad el que me mantiene esperando y llamándola nuevamente. El tiempo se acerca. Estoy en busca de las almas. En tus oraciones tráeme almas. Acompáñame. Vierto mis lágrimas de sangre sobre la humanidad. Necesito que ores y me escuches. Soy tan abusado y blasfemado en el Sacramento de mi Amor.
Sufre y aprende. Cuanto más sufras por mi causa, más te amo. Te aseguro que nada que hagas en la tierra puede complacerme más que dejarme hablar contigo y escucharme. Piensa en Mí en el tabernáculo, donde sea que estés y haciendo lo que hagas aquí en la tierra.
Esto me consolará y será de gran ayuda para curar las heridas causadas por las almas consagradas a Mí. Recibo todas tus oraciones, ya sea que las pienses en tu corazón o las digas en voz alta. Como estoy expuesto verteré los tesoros de mi infinita misericordia en almas humanas.”
“Doy Mi bendición.”