“A medida que estoy expuesto, derramaré los tesoros de mi infinita MISERICORDIA en las almas humanas.”
“Hija mía, ven conmigo. El diablo está de todas maneras hiriéndote. No te permitas estar en su poder. Escucha. Te guio y dirijo.
Cuando oras por las almas nada está perdido. No puedes ver, pero yo veo eso. Vela conmigo en el Sacramento de mi Amor. Tengo mucha sed. Busca almas para Mí. Mi sed es más que la sed de la humanidad. Ora mucho. El tiempo es corto para salvar almas. No deseo que nadie perezca. Cuando un alma va a la perdición se pierde para siempre.
En el Sacramento de mi Amor, necesito el deseo de reparación de las almas de buena voluntad. A medida que estoy expuesto voy a derramar los tesoros de mi infinita misericordia en las almas humanas. Me veo obligado a caminar en medio de las multitudes sin dirección con mis lágrimas de sangre. Soy prisionero de mi tabernáculo. Me siento un extraño frente a las almas que tanto amo. Ora y expía para apaciguar la ira de mi Padre Eterno.
La humanidad ha perdido sus sentidos. Desde mi Divina Misericordia doy mis advertencias que serán seguidas por la Justicia Divina.”
“Te bendigo.”