“Estos tiempos son mis horas difíciles cuando el diablo está haciendo cada esfuerzo por abolir el Santo Sacrificio de la Misa.”
“Hija mía, reza sin cesar. Vela y vigila conmigo en estas horas oscuras cuando Satanás está dirigiendo y seduciendo muchas mentes, haciéndolas capaces de destruir a la humanidad. Es una hora grave. Hazme compañía en mi vigilia por los pecadores; sostenme fuertemente en tu corazón y nunca pierdas ninguno de estos preciosos tiempos. No tengas miedo. Sé siempre pacífica; no te lamentes en general por el cataclismo de esta generación. Bienaventurados los que están cautivados sólo por mi Padre Eterno y mi presencia. Persevera en la oración y penitencia sin miedo. Deseo que toda la humanidad sea salvada. No tengas miedo de permanecer en el más alto espíritu de contemplación. Es una tarea que te he dado. Debo lograr muchos signos en tu corazón.
Estos tiempos son mis horas difíciles, cuando el diablo está haciendo cada esfuerzo por abolir el Santo Sacrificio de la Misa. Particularmente el Santo Sacrificio de la Misa por la Expiación. Yo digo que verdaderamente ha llegado el momento en que el mundo se arrepienta; un cambio universal está cerca, como nunca ha sido desde el principio del mundo hasta ahora y nunca volverá a serlo. Ora, ora por aquellos que ridiculizan, abusan, condenan y más que en el pasado, me pisotean para abolir mi Presencia en el sacramento de mi amor. Deseo que se salven. Mi Misericordia es infinita. Es por eso que vine a llamar a los Pecadores.
Mi advertencia es estricta; no es una orden para condenar al mundo. Al contrario, quiero salvar almas a través de mis mensajes en muchas diferentes partes del mundo. El momento ha llegado, cuando debo advertir a la humanidad para evitar una catástrofe. Los que no quieren seguir mi misericordia perecerán al final. Las únicas cosas que todavía pueden salvarlos son oración y penitencia.”
5 de diciembre de 1987