“Deseo que todos sean salvados”.
“Hija mía, dame tu compañía y ora mucho. Pasa estas horas solitarias para consolar e implorar misericordia para la humanidad. Mírame en mis tabernáculos y entenderás hasta qué punto amo a la humanidad. Las almas que tanto amo no entienden que es mi gran Amor por ellas lo que me mantiene día y noche en mi tabernáculo. Por mi propio ... estoy tan abusado, blasfemado y ridiculizado.
Entiende este inmenso sufrimiento en mi Corazón. ¡Hasta qué punto podría haber sufrido por la humanidad! Deseo que me sostengas firmemente en tu corazón. Por el bien de las almas ama y obedece. Si no se arrepienten, llegará el momento en que sólo hablaré con mi voz de Juez. Desde el océano de mi Misericordia estoy llamando a todos para transformar sus corazones en la luz brillante de mi Verdad. ¡Cada vez más la humanidad es engañada por ... a quienes confié almas para conducir a lo largo de mi Camino de Vida y Verdad ... han abusado de mi mismo Evangelio y finalmente han decidido trabajar duro con el fin de abolir el Santo Sacrificio de la Misa! ¡Su iniquidad es repugnante! Los masones gritan no queremos a Dios...
¡Cuánta pena entristece mi corazón! Muchas almas inocentes son conducidas a la perdición como si yo no viniera al mundo por la humanidad. En el Sacramento de mi Amor nunca estoy cansado de las almas. Deseo que todos sean salvados. Estoy muy contento por las pequeñas hostias para expiar por las almas y hacer reparaciones”.
“Te bendigo”.
2.20 a.m., 25 de diciembre de 1987