“Tengo sed.”
“Hija mía, escucha mi clamor. No pienses que sea suficiente para orar en ciertos momentos. Te pido que ores y te ruego que no te fatigues. Te llamo hoy para esforzarte con diligencia. Te quiero en el santo hábito de oración. He aquí Estoy, el amanecer me encontró en oración. Aún en mis trabajos, me elevo a mi Padre Eterno. En todas partes encontrarás dificultades fuera y dentro, tanto secretas como abiertas. Cuando estés tentada, no estés alterada.
“Tengo sed, tráeme almas en tus oraciones. Amo tanto a las almas, muchas no entienden hasta qué punto. Esta es mi palabra. Pido almas para volver a mi redil. Mira detenidamente mi cara llena de dolor.
Ahora que me entiendes mejor en el Sacramento de mi Amor, no te alejes de mi mirada amorosa. Te quiero y te llamo a hacer las paces por tantas miradas de almas, especialmente aquellas que son consagradas a Mí. No me dejes solo. Grande es mi sed de almas.”
“Te bendigo.”