“Nunca duermo”.
“Hija mía, vela y ora. Estas son mis horas difíciles. No abandones mis palabras. Implora misericordia para los pecadores. No pierdas ninguno de estos preciosos tiempos. En el Sacramento de mi Amor estoy tan blasfemado y ridiculizado. Te imploro que vigiles para consolarme. Haz reparación y obtendrás misericordia para los pecadores. Nunca duermo.
Siempre estoy observando y llamando a las almas de vuelta a mi redil. Yo siento grandes dolores al ver los míos... trabajando duro para abolir el Santo Sacrificio de la Misa. Más que nunca están llevando a muchas almas a la perdición. Es mi deseo que todos sean salvados. Nadie va al infierno sin su propio consentimiento. Estoy agonizando por las almas.”
3.05 a.m., 14 de enero de 1988