“Quiero que todos se salven. Es Mi Deseo– ora y expía.”
“Hija mía reza y nunca te canses. Abandónate por completo a mi llamada, para que pueda actuar como quiero en ti. Te revelaré mi deseo. He salvado al mundo a través de sufrimientos en la Cruz. El pecado es una ofensa infinita contra mi Corazón. Ofrece tus sufrimientos unidos a los méritos de mi Corazón para la restitución, para los escándalos de los demás. El mundo llora cuando está sufriendo, pero te digo que las almas que me siguen por los caminos estrechos son muy pocas.
He venido a todos ustedes de repente y estoy afligido por los pecados de esta humanidad. Muchos corazones todavía están distantes de Mí y de mi Divina Voluntad. Sin embargo, los amo a todos. Incluso a los que me odian, los amo. Mi gran dolor es ver a los míos... escupiéndome como si no viniera al mundo por su salvación. ¡Ay de los que desprecian Mis palabras! Tienen una seria responsabilidad sobre sus hombros. Mira el mundo con mi propia luz. Comprenderás que el orgullo y el egoísmo son las causas de toda destrucción. Si el odio, los prejuicios y los reproches también están en sus corazones, ¿qué puedo hacer con ellos? Quiero que todos se salven.
Es mi deseo, ora y expía. Sobre todo, acepta las pruebas que vienen recordándote a ti misma que todo tiene un propósito justo, que es prepararte. Acepta lo que pueda humillarte; sobre todo, pruebas que te colocan en contradicción con el mundo y con todos los que te rodean.”
“Te bendigo.”
3.30 a.m., 22 de octubre de 1987