“Vierto mis lágrimas de sangre sobre la humanidad. Quiero traerla de vuelta, pero rechaza mis palabras.” “El diablo no tiene bondad.”
“Hija mía, escúchame y escribe mis palabras. Tengo sed. Colecciono miserias y hago cosas gloriosas de ellas. Ora mucho. Pasa esta hora oscura conmigo. Estoy tan solo. Vengo aquí a buscar refugio. Te aseguro que tengo mucha sed, más que como arde el desierto. Dolores y heridas son causados en mi Presencia más por las almas que consagré. Qué más podría haber sufrido ¡por la humanidad! Por el bien de las almas te guio en silencio y soledad para que me traigas más almas en tus oraciones. Tráeme todo. Desde mi gran amor por la humanidad doy mis advertencias. Estoy esperando pacientemente a las almas. Inclinándome sobre el mundo vierto mis lágrimas de sangre sobre la humanidad. Quiero traerla de regreso, pero niega mis palabras. Me agoniza ver almas cayendo en perdición, al frente están los consagrados a Mí. Hablo con mi amado siervo. Lo bendigo para que pueda seguir llegando a las almas. Me oculto Yo mismo en él con el fin de hablar y asegurar almas antes de que sea demasiado tarde. Bienaventurados los que escuchan mis palabras y regresan al refugio de mi Amor. Fue mi gran Amor por la humanidad lo que me mantiene como preso en los tabernáculos. Necesito el deseo de reparación.
Soy tan blasfemado y ridiculizado sobre todo por las almas consagradas a Mí. No me quedo donde no me acogen. Ora mucho y expía por las almas. Dame compañía en mi cárcel solitaria. Sigo siendo paciente anhelando almas. Vengo aquí a buscar refugio y encuentro mi descanso. Por el bien de las almas eleva tu espíritu de contemplación. Escucha las palabras de mi siervo. No temas. Ora y expía. Anímate en Mí. El diablo no tiene amabilidad. Sé valiente. Te doy toda la fuerza para orar. Dedica tiempo para Mí. Venda las heridas causadas por las almas consagradas. Ora mucho.”
“Te bendigo.”