“Yo te lo dicto.”
“Escúchame, hija mía, no tengas miedo de escribir mis palabras. Yo mismo te dicto. No puedes anotar nada por ti misma. Poco a poco verás los resultados. No te sorprendas al ver tus facultades encendidas.
Por el bien de las almas, guarda silencio, como si estuvieras escogiendo una flor para Mí. Te amo hasta el punto de hacer el bien por las almas de humanidad. Quiero que estés llena de indulgencia y compasión por almas perdidas. Cuídalas a través de tus oraciones.”
“Te bendigo.”