“Ora por mi Iglesia”.
“Hija mía, escucha bien. Con el corazón angustiado te ruego que estés preparada para el sacrificio que yo espero de ti. Vela, reza y haz penitencia. Asiste a las Santas Misas de expiación. Con lágrimas en mi Corazón estoy llamando a todos a orar y expiar. Mi deseo es que la humanidad se convierta a través de la oración, el Sacramento y la Santas Misas de expiación. A pesar de que te cuesta muchas lágrimas debes escucharme y orar mucho.
Quiero salvar a la humanidad. Este es el momento de una violencia abrumadora. Ora por mi Iglesia. ¡Cuidado! Ay de los que sólo dicen mentiras. Yo estoy muy triste y Mi corazón está lleno de dolor. Quienes liberan sus mentes de los asuntos mundanos y vuelven a mi Amor tendrán perdón. Los abrazaré y perdonaré sus pecados.
Pido a la humanidad que se convierta, a sí misma para no ir hacia la perdición. Invito a la humanidad para convertirse a sí misma por el amor que tengo por ella. Con amor y misericordia los estoy llamando de vuelta a mi redil, a mi verdad y a mi luz. Ora mucho. No pierdas tu precioso tiempo; pásalo conmigo para la salvación de las almas. Eleva el espíritu de la contemplación. Encierra a la humanidad en tu corazón. Necesito tu obediencia completa. Sigue y aprende. Esto es lo que quiero de ti.”
“Te bendigo”.
1.30 a.m., 2 de enero de 1988