“Mi Corazón sangra. No quiero que nadie perezca.”
“Si mis ministros no escuchan mi angustiado llamado, ellos continuarán llevando a las almas a la perdición. No quiero que nadie perezca. Ora y expía. Necesito que mis palabras afligidas sean tenidas en cuenta. Doy mi advertencia porque amo a la humanidad.
Mi Divina Misericordia es seguida por la Justicia Divina. Mi corazón sangra por todos los insultos, blasfemias y abusos que recibo de aquellos a quienes confié mis pobres almas. Ora mucho. Guárdame en el amor y en el silencio. En mi misericordia las almas encontrarán la fuente de luz. Presta atención a mis palabras por el bien de las almas. Estoy en busca de almas.”
“Doy mi bendición.”