“Cura mis heridas.”
“Hija mía, ora mucho. Ora por aquellos que están consagrados a Mí. Siempre estoy sediento por ellos. No temas. Estoy en el centro de tu vida, escuchándote. No me dejes. Quédate conmigo todos los días para que en el Sacramento de mi Amor me puedas dar compañía. Toma tu lugar cerca de Mí.
Te ruego que cubras mis heridas causadas por las almas que tanto amo. En el Sacramento de mi Amor soy un extraño, donde las almas más cercanas a Mí no me reconocen. Las llamo y las espero cada momento. Hago mi hogar aquí. Permanece conmigo todavía en las profundidades de tu corazón para que me des cobijo. Reflexiona sobre mis palabras. Tengo sed. Si tu pudieses conocer esta sed – es más que la sed de la humanidad – idearías todos los medios a tu alcance para apagarlo. Ordeno que reces mucho y guarda almas en tu corazón.”
“Te bendigo.”