“Te hablo tan simplemente.”
“Hija mía, escúchame. Ora mucho. Te pido que te acostumbres a mi presencia cuando mi presencia se apodera de ti con fuerza... Tú ere una víctima en el Sacramento de mi Amor. Tú tienes que orar. Te hablo tan simplemente. Llamo toda tu atención para orar. Te guio y te doy luz.
Tengo sed. Te cuido. Mírame en la cárcel. Estoy tan solo y blasfemado.
Hija mía, tráeme almas. Cada alma es parte de mi Amor. Di todo de Mí mismo por la humanidad. Tráeme más almas. Mi amor no es un amor global. No deseo que nadie perezca. Esta es la razón por la que hago mi advertencia de mi Divina Misericordia. El tiempo apremia para salvar almas.
El mundo ha perdido el sentido común. Los buenos no oran. Los consagrados a las almas me han azotado y han abusado de Mí por todos los lados en Mi Presencia. Espero y añoro cada alma como si fuera la única en la tierra. Para el bien de las almas mírame siempre y dame tu oblación. No pierdas este precioso tiempo para salvar almas. En el Sacramento de mi Amor guárdame en silencio y dame compañía. Cura las muchas heridas causadas por las almas consagradas. Mi invitación es para todos. A medida que esté expuesto, derramaré los tesoros de mi infinita misericordia en almas humanas. Permite que todas sus intenciones sean parte de mis intenciones por el bien de orar por las almas. No temas elevar tu espíritu de contemplación.”
“Doy mi bendición.”