“A medida que esté expuesto, derramaré los tesoros de mi infinita Misericordia en almas humanas.”
“Hija mía, a medida estoy expuesto derramaré los tesoros de mi infinita misericordia en almas humanas. Si la humanidad no oye mis palabras, el tiempo vendrá y caerá en este fango de errores. Agonizo por las almas. Ora más por las almas consagradas. Muchas han perdido mi Vida. Se han dejado dominar por el diablo. Casi todos ellos abusan de Mí. ¿Qué más podría haber sufrido por esta humanidad? Amo las almas y estoy roto en pedazos por ellas. Ora y expía. Es hora de orar.”
“Doy mi bendición.”
Este mensaje es parte de la Divina Apelación 150. Forma parte del mensaje del 24 de mayo de 1988 que se ha dividido en dos. Porque el mensaje no empieza por el habitual saludo paterno, “Hija Mía” en Divina Apelación 150, parece que no estaba completo lo que la Hna. Ana escribió de lo que el Señor le dictó.