“No rehúso nada.”
“Hija mía, ora mucho; Quiero que pecadores sean convertidos. Derramo lágrimas de sangre porque la mayoría de los sacerdotes han degradado la nobleza de su ministerio viviendo en superficialidad y han negado lo que soy para ellos. Estoy abusado y blasfemado por muchos a través de ellos. Es mía la eternidad. La Justicia de mi Padre Eterno será inexorable. He venido a exhortar a pecadores para que cambien sus vidas. La hora se acerca. Ora mucho.
Más que eso, entre los pocos que creen en Mí, muy pocos confían en mi Misericordia. Muchos conocen a mi Padre Eterno como su Dios y creador, pero pocos confían en Él como su Padre Eterno. En la prisión de mi tabernáculo te imploro que asegures a las almas que anhelo, tengo sed y miro su culpa, pero no quieren mirarme.
En la primera fila, las almas consagradas vierten desprecio sobre mí. De ellos no encuentro nada aparte de la soledad y la deserción. Yo necesito que digas a las almas que todas ellas están en medio de peligros. Ellas tienen que estar en guardia ahora antes de que sea demasiado tarde. Estos son momentos graves. Tráeme almas en tus oraciones. No me niego a nada. Yo amo y acepto cada alma como si fuera la única en la tierra. El diablo sabe lo corto que es su tiempo.”
“Te bendigo.”