“Si no hay oraciones, los poderes del mal se desatarán”.
“Hija mía, escucha lo que te digo. Te he dado muchas señales de mi Presencia en ti. Ora y haz lo que te he pedido que hagas. Medita en estas horas oscuras. Los masones están abusando de Mí en el Sacramento de mi Amor. También abusan de mi mismo Evangelio. La iniquidad es repugnante. Gritan no queremos Dios. ¡Qué gran dolor aflige a mi Corazón! En el Sacramento de mi Amor estoy tan afligido y descuidado por mi propio... Cada día continúan por el camino de la perdición. Inmensa es la cadena de escándalos. El mundo es un pantano de lodo y fango. Nunca antes el mundo ha necesitado oraciones y penitencias como en estos tiempos trágicos.
Si no hay oraciones, los poderes del mal se desatarán. Los persigo cuando están distantes y los espero. Qué dolor: Los míos... abandonan sus vocaciones y arrastran a todos... Desde el océano de mi Misericordia los estoy llamando y advirtiendo antes de que sea demasiado tarde. ¡Se acerca el momento en que hablaré con la voz del juez!... han perdido el sentido común. Estos tiempos son peores. Es mi gran amor para la humanidad que me hace quedar día y noche en el tabernáculo. Nunca estoy cansado de los pecadores.
Hija mía, pasa esta hora en oración para consolarme en el Sacramento de mi Amor por los dolores que recibo de... Vigila y mantén a la humanidad en tu corazón. Implora misericordia para ellos. Estoy triste en el tabernáculo. No me dejes solo. El mal prevalece sobre el bien. Satanás se las arreglará a través de... para infiltrarse... ¡Qué dolor! Quédate despierta conmigo hija mía. Me deleita verte mirándome en el Sacramento de mi Amor.”
“Te bendigo”.
1.30 a.m., 4 de enero de 1988