“Mi mano izquierda apunta a una advertencia y mi derecha a un milagro.”
"Hija mía, ora, vigila y expía. Escucha mi Voz de misericordia y amor por la humanidad. Ora más por los escándalos de este mundo. Mi mano izquierda apunta a una advertencia y mi mano derecha a un milagro. Hablo con lágrimas en mi Corazón. Estoy tan ridiculizado y escupido por los míos... ¡Qué dolor para mí! Se acerca el tiempo en que mi Iglesia será devastada y saqueada. Los míos... se han vuelto como leones enfurecidos. Hay muchos sacrilegios cometidos contra mi Presencia en los tabernáculos. Muchos han perdido su dignidad y luz de razón. El diablo ha encadenado sus corazones. Guiados por él trabajan duro para abolir el Santo Sacrificio de la Misa. El cáliz está lleno.
La justicia de mi Padre Eterno es tan poderosa y exterminará lo que está podrido... Quiero que Él haga que Mi palabra resuene en las almas. Mi palabra se dirige a todos a hacer penitencia y orar. Tienen que abandonar el pecado. Nunca antes el mundo había necesitado oraciones como en estos trágicos tiempos. Si no hay oraciones, el poder del maligno ganará. ¡Qué dolor! Las almas que tanto amo no me entienden. Estoy yo en agonía sobre las almas.
Estoy tan abusado y negado. Con mi cabeza inclinada me veo obligado para caminar a través de las multitudes disfrazadas. Por todo esto pido oraciones y expiación. Estoy muy afligido. En mi Vigilia por los pecadores yo nunca duermo. Siempre estoy vigilante bajo mi velo sacramental.”
“Imploro que se exponga. Al menos una vez a la semana estaré más consolando. Si estoy levantado, atraeré a todos los hombres hacia mí.”
2.00 a.m., 18 de enero de 1988